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viernes, 6 de junio de 2014

CÓMO ME VOLVÍ GAY Y EL CHURRO CRUDO

                 COMO ME VOLVÍ GAY Y EL CHURRO CRUDO

Cuando era un chico adolescente a pesar que solía tener mis aventuras sexuales con algunos amiguitos, primos, compañeritos de colegio en lo que vendría a ser mis experiencias con sexo light infantil  (tocamientos, roses, masturbaciones etc). Sin embargo era típico que después de eyacular entre los 10 y 17 o 18 años aproximadamente sentía una gran carga negativa emocional, un sentimiento de culpa me embargaba terriblemente, un miedo atroz a que alguien le diga al resto de mi entorno que yo era “maricón” y que me gustaba la  “verga”.

Aunque hoy soy una persona desenfadada y muy abierta de mente mi crianza fue la de un chico muy conservador y colaborador de una iglesia local. Mi formación religiosa era fuerte, ser gay simplemente en algún momento no resultaba una “opción”. Viví una adolescencia cargada de mucha frustración, miedo, sueños terribles y premonitorios acerca de cuándo tendría que enfrentarme a  mi triste realidad, Sabía perfectamente que no me gustaban las mujeres, pero tampoco podía admitirlo ni siquiera a mí mismo.

 En aquellos tiempos sin internet y poca información la realidad de un posible gay era muy terrible. Solo escuchabas prejuicios, insultos, bromas asquerosas, y una televisión beligerante que solo inducía a la población a la discriminación.

A veces solía llorar solito en mi cama de solo pensar en el terrible escenario de que todos los que conocía supieran que era “Marica”… era terrible.
Un buen día después de tanto sufrir, me pasó eso que algunos católicos llaman “Ver la luz”, sentí que yo era el único que debía terminar con mi calvario era yo y nadie más que yo, esa extraña sensación y experiencia la sentí cuando iba en un bus, sentado y pensando porqué el mundo era tan injusto conmigo y del porqué de mis miedos, derramando una lágrima por mi rostro y con unas ganas enormes de llorar como un niño cuando le quitan su chupete, incluso y como nos puede pasar a  todos la idea de eliminarte de  este mundo, de suicidarte no era algo que andaba lejos, pensaba:

“Quizás no merecía haber nacido, quizás era el pago por el pecado de la humanidad, quizás diosito nunca me quiso”.  No veía la salida, y la única salida era terrible.

Días previos a este DÍA DE LUZ E ILUMINACIÓN DONDE SE DISIPARON TODOS MIS MIEDOS  Y DESESPERANZAS, vi en un anuncio de periódico de un psiquiatra que anunciaba la solución a todos los problemas humanos psicológicos habidos y por haber, dentro de toda la lista de problemas de conducta y emocionales que éste psiquiatra podía resolver. Hubo que me llamó la atención y era la de PROBLEMA DE IDENTIDAD SEXUAL. Me dije a mi mismo… Listo! Éste señor me va a ayudar. Así que un buen día me dirigí a su consultorio en el distrito de Miraflores, en una oficina de 2 ambientes en plena Av. Arequipa.

Cuando llegué a ese consultorio  en Miraflores, la salita de espera era pequeña, llena de sillones confortables de cuero color beige una mesita pequeña de centro con una luna rodeada de un borde de madera y hartas revistas encima. 

La sala de espera estaba llena de recuadros de diplomas algunos ya amarillentos por la antigüedad, creo que ya no cabía  ningún recuadro más.
Poco después  comprendí que era la forma como el psiquiatra  les decía a sus pacientes: “Yo soy el mejor”. El consultorio quedaba en el primer piso de lo que era una típica casona Miraflorina, a la usanza de los 40´s , esperé una media hora mientras atendía a un paciente previo, hasta que su asistente me dijo que podía entrar.

De la misma forma que en la sala de espera los recuadros inundaban el consultorio mismo del doctor que a la sazón tendría casi 60 años, más bajo de estatura que yo, unos lentes pequeños gruesos, esos que coloquialmente se llaman de “poto de botella”, medio calvo, de color trigueño, regordete y con una  mirada firme y atemorizante, yo a mis 19 añitos y con todas las dudas del mundo encima sentí miedo de tratar con ese señor, pero ya me encontraba allí y lo primero que hizo fue cobrarme sus honorarios, que eran de unos 40 soles para la época, debió haber sido 1992 no recuerdo bien.

Entre balbuceos y dándole vueltas al asunto los primeros minutos no me atrevía a decirle al doctor el motivo real por el que estaba sentado frente a él. Hasta que en un arranque de orden el viejo psiquiatra me dijo:

---- Y en total? Cuál es problema?.. Crees que eres cabro?.. Crees que eres maricón? Que te gusta la pinga ¿? Ah¿?!!!

---- Bueno si doctor, ósea no estoy seguro, pero quizás sí... Siento mucho miedo enfrentar esto. Yo he tenido experiencias homosexuales con niños de mi edad hace años pero siempre termino sintiendo un gran sentimiento de culpa después de “darla”.

----- Pero tú no te vez cabro! Todos los hombres de niños hemos jugado con otros niños nos hemos cogido el pito!!... nos hemos masturbado juntos, pero eso no te hace un cabro, no te hace un rosquete, mostrándome su mano enrollando el dedo gordo con el índice en esa señal vulgar que inventaron los heterosexuales para dar a entender que el esfínter del culo, “el ano” es algo que te pica.

----- Me preguntó: Has “cachado con hembras” has tenido enamoradas “¿?

----- le dije que sí, que si he tenido relaciones sexuales con algunas mujeres.

----- Ya vez! Entonces se te paró?...  TU NO ERES MARICÓN.. Replicó con rudeza, acercándose dos de sus dedos a su cien prosiguió:

“METETE BIEN ESO EN LA CABEZA, LO TUYO ES UNA ETAPA TRANSITORIA QUE TIENEN ALGUNOS HOMBRES, Y QUE VAMOS A CURARLA”!

----- Le dije muy cándida-mente: Se cura Doc?.. Me curaré ¿?

----- Claro que sí, pero tienes que seguir mis indicaciones, lo primero es que debes de calmarte, estas muy ansioso, para eso te daré unas pastillas que te relajarán y poco a poco y después de varias sesiones serás un hombre macho varón nuevo y vendrás a felicitarme y a darme las enormes gracias!..

Había tanta convicción en sus palabras que si me hubiera prometido que viajaré a la luna le hubiera creído.

Sus modales del doctor eran agresivas siempre, eran fuertes, más tarde comprendí que yo no debí ir a un psiquiatra si no a un psicólogo.  No sabía la diferencia entre uno y otro hasta ese momento. El anciano me dijo que antes ya había curado a no sé cuántos hombres confundidos, y fue tajante: “LOS CURÉ”… esas dudas terminaron para ellos.

Cuando oí esas palabras un halo de luz inundaba mi corazón, sentía que había esperanzas, que me podría quizás “curar esta supuesta homosexualidad” pero al rato el entusiasmo caía en la triste realidad, muy en el fondo sabía que quizás algo así era muy difícil si no imposible.

El doctor me recetó unas pastillas para la ansiedad, unos calmantes, me dijo que me pusiera a ver películas pornos y que anduviera por las calles viéndole el culo a las mujeres, él estaba convencido que lo mío era una etapa y que pasaría pronto.

Apenas salí, vi como muchos hombres en las calles se comportaban, era curiosa esa escena que duraría unas 2 cuadras de a pie, Todos los hombres que miré ojeaban a una mujer cuando venía y volteaban a mirarla cuando estás pasaban de largo. Uno que otro se atrevió a piropear a alguna, yo miraba la escena y por mucho que me esforzaba mi mirada se centraba en ver al macho seductor y mañoso y por supuesto mi mirada bajaba hasta su bragueta, para luego reaccionar y decirme a mí mismo:

----NO NO ESO ESTA MAL! TIENES QUE MIRAR A LA CHICA, MIRARLE LAS TETAS, EL CULO!!... No a los hombres, recuerda que no eres cabro,… recuerda que no eres cabro, …la bragueta no.

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Desde que ganó Alberto Fujimori en 1990 se implantó una política que llamó Neoliberal en materia económica, que en buena cuenta era rematar muchas empresas estatales y deficitarias a manos privadas, disminuir el aparato estatal, reestructurarlo, abrir las fronteras económicas para la importación (eso supuso el quiebre y el cierre inmediato de toda y quizás la incipiente capacidad industrial  que teníamos en el país y donde miles y millones peruanos se vieron en la calle en pocos meses, medida que lo único que trajo consigo es la mayor informalización de la economía).

Cómo jovenzuelo siempre vi con buenos ojos en aquellos tiempos esos cambios que nos prometían desarrollo, tecnología y trabajo. Aunque yo era un chico en ese momento con estudios técnicos incipientes de administración no lograba conseguir un buen puesto laboral, me era difícil estudiar y trabajar, ya que en casa las cosas se complicaron y de un momento a otro pasé de ser un chiquillo travieso a ser el sostén de mi casa.

Otro día de Invierno cuando me venía de trabajar en una empresa me encontré con el papá del que hasta ese momento había sido mi mejor amigo en el colegio, mi amigo “el Toño”. El Sr. En aquel momento era un simple mozo de un restaurante miraflorino. La economía nacional se encontraba deprimida, y los trabajos eran escasos. Ese encuentro que lo recuerdo con mucha nostalgia vino a cambiar mi vida y charlando ambos de pie en un bus por la Av. Pardo que nos llevaba a nuestras casas, me dijo que yo debía buscar empleo más creativamente, que no debía esperar a que me llamen. Me aconsejó a “tirar pata” (ósea caminar) por todos los hoteles de Miraflores y San Isidro y dejar mi currículo y luego llamar e insistir.

-----Le dije que no creo que me acepten…en esos lugares solo aceptan con recomendación.

----- Me dijo: No seas zonzo nada pierdes con intentarlo. Hazlo y verás.
-----Ok. Le dije. Gracias.

Y así pasó. En la siguiente semana tipié mi currículo con esa máquina de escribir que tenía en casa y le mandé sacar docenas de copias. Y un buen día me puse pantalón y zapatillas y me recorrí a pie cuadras de cuadras entre Miraflores y San Isidro, saqué de las páginas amarillas de la casa de un tío los principales teléfonos y direcciones además del plano  de estos lugares, ya que por donde yo vivía aún no llegaba el servicio telefónico. Caminé y caminé y en todos los lugares que podía, llámese restaurantes, hoteles, fabricas, cualquier cosa que me pareciera que podría ser una empresa era mi objetivo, dejaba la copia de mi currículo, lo recibían los de seguridad o los botones y me decían: “Ellos te llamarán” (si claro como no ¡!---decía yo, si ni tengo teléfono-- refunfuñaba), deje el número de un tío hermano de mi mamá que vivía en Urb. La calera de la Merced en surquillo, pero no albergaba muchas esperanzas de me que pase el mensaje.

Así que en las siguientes semanas bajaba unas 6 cuadras de mi casa al único teléfono público que existía en aquel entonces y que a veces paraba abarrotado de personas que por una u otra razón prescindían de él. Juntaba mis monedas y compraba mis "RINES" que eran como las monedas de los traga-monedas que se introducían en el equipo telefónico de color plomo con cabina naranja.
Muchos de esas llamadas eran así:

---- Buenos días con el jefe de personal por favor ¿?

---- Aló! Habla la secretaria… Buenos días, dígame ¿?

---- Sí señorita yo dejé mi currículo hace unos días quisiera saber si hay algún puesto para mí.

---- Siempre la respuesta: NO lo siento, por el momento estamos con el personal completo, en otro momento será.

---- Puedo llamar la próxima semana ¿?, replicaba.

---- No lo siento, nosotros te llamaremos, gracias. Click!

Pero un día sin querer ni pensarlo y ya con los ánimos en el piso, una linda voz de una secretaria llamada Tatiana que la recuerdo con mucho cariño me respondió del HOTEL LAS AMERICAS, entre La Av. Benavides y la Av. Larco.

-----Me dijo: Que sabes hacer ¿?

-----Le dije: Señorita mire yo quiero cualquier puesto, necesito trabajar! (con un poco de dramatismo franco  que entrené previamente para aquella ocasión)

----- Mira solo tenemos para Limpieza. Tienes que limpiar baños, ambientes, la calle, etc.

---- Le dije que yo ya había trabajado de eso, y que tenía amplia experiencia y que me interesaba mucho el trabajo. Me citó al día siguiente.
Por supuesto que fui, me entrevistó, me llevó donde mi jefe inmediato, me dijo cuanto iba a ganar:

------ (cosa que no se veía nada mal, mi sueldo era el mínimo, luego seguían un bono que pagaban quincenal-mente los hoteles y restaurantes en aquella época y que haciendo memoria y reajustando montos por inflación a la actualidad  etc. hoy vendrían a ser unos 2,500 a 3,000 soles mensuales aproximadamente)

 Lo primero que hice fue limpiar el cuarto de basura donde llegaba el final del ducto donde todos los pisos /21 pisos en total/ botaban bolsas de basura todo el día. Era un cuarto que por supuesto olía mal, casi toda la basura era embolsada, el cuarto sería de unos 8 por 7 metros cuadrados o algo así. Me sentí mal al principio, sentí que eso no era lo que quería para mí, pero lo iba a hacer, el sueldo no era nada malo y yo no me iba a quedar ahí. Definitivamente iba a ascender cueste lo que cueste.

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Raúl era un chico muy blanco, alto, entró a trabajar a las semanas que yo entré, él venía de trabajar en el Hotel Sheraton, no sé cómo será ahora, pero antes la gente hotelera venía de trabajar de  un hotel a otro y era una cosa que muchos de ellos algunos viejos amigos  se conocían de otros sitios o se recomendaban mutuamente. Yo solo trabajé en ese hotel unos 4 años y de ahí  en ningún otro.
Raúl era como un chico algo dulce, no era feo, quizás  simpático, peinado de costado, tendría un año más que yo. Estaría por sus 20 o 21 años, delgado y desnudo era si pues un “CHURRO CRUDO” jajaja. /esa chapa se la puso un compañero bromista/ Obviamente la analogía era de que el churro cuando esta crudo  y antes de ser frito, es una masa larga y blanca muy blanca, y Raúl era un largo, alto y blancón.

Con Raúl nos hicimos buenos amigos, andábamos para todos lados, /siempre que se podía claro está/ aunque yo lo considero como un trabajador algo mediocre, siempre había algo pendiente o algo por lo que le llamaban la atención. Hasta diría que algo ocioso, él sostenía que en el Sheraton había sido bell boy ósea botones y que estaba esperando el momento para ascender en Las Américas. Llegar a ser botones era genial, ya que se ganaba más y aparte estaban las codiciadas propinas, además de innumerables anécdotas hoteleras donde el bell boy inmoral claro está era el abastecedor de drogas, de prostitutas, datos prohibidos  y de hacerse amigo de los turistas.

Siempre en la empresa cada fin de año se vivía aparte del espíritu navideño cierta tensión porque los contratos eran anuales y terminaban el mismo 31 de diciembre, donde algunas cabezas caían y los despedían. Era el chisme de los primeros días de enero a quién había despedido. Raúl tuvo algunos problemas de trabajo y mucho se voceaba ya desde noviembre que su despido era inminente.

Pero Sí hay algo que aprendí del trabajo en Hotelería y específicamente en el Hotel Las Américas, era que todo el tiempo se vivían cosas nuevas, chismes nuevos, escándalos nuevos, era lo que los abuelos solían decir: “Pueblo chico… infierno Grande!

Habían pasado varios meses desde que entré y a cada trabajador le designaban un área que debía mantenerla limpia con mucho esmero y tesón, ya sean pisos, oficinas, lobbys, la calle, pasadizos, etc.

Raúl y yo cambiamos ese día de área yo limpiaba un restaurante que quedaba en el último piso de la torre, pero ese día por alguna razón que no recuerdo me bajaron al área de Raúl y él subió a mi área. Creo que me consideraba un buen trabajador y me encomendaron un área muy especial en ese momento donde se iba a realizar un evento importante, y como no confiaban del trabajo  de Raúl pues me mandaron a mí.

A mí me preocupaba que Raúl estuviera en mi área, sabía que algo se iba a olvidar de hacer u omitir, pero bueno…eran órdenes y no había nada que hacer. El día transcurrió y Raúl encuentra una billetera con mucho dinero y varias tarjetas que la noche anterior un huésped importante había olvidado o se le había caído, y él procede a devolverlo.

En la tarde empezó una ola de escándalo, El huésped se sintió aliviado y halagado por tamaña hazaña de honradez que decidió premiarlo a Raúl dándole 100 dólares si mal no recuerdo, y escribiendo una carta a la gerencia halagando que el Hotel tenga buenos y honrados trabajadores.

Fueron días de gloria para Raúl, fue reconocido y en vez de ser despedido fue “ascendido a botones” ganando obviamente mucho más además de cumplir su meta. Su sueño de ser un Bell Boy se había realizado.

Siempre me preguntaré si yo hubiera devuelto la billetera con los $8,000 dólares americanos y varios cientos de soles que encontró Raúl, además de tarjetas y no sé qué diablos más. Pero la suerte ese día era para él, se llenó de fama y gloria además que comprendí que no ser un buen trabajador de limpieza no necesariamente significa que eres malo para todo.  Yo siempre fui un eficiente trabajador de limpieza pero en casa me jodía lavar mi ropa.

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El psiquiatra me había dado por aquellos tiempos una serie de pastillas que no eran nada baratas y que las tomaba en principio tal y como me las había recetado, sin embargo existía un problema con ellas y eran que me causaban mucho pero mucho sueño, y me obligaban a tomar “siestitas” en el trabajo poniendo en serio riesgo el mismo. Me sentía decaído, con mucho sueño, muy cansado y agotado.

Un día Raúl que ya estaba en ese proceso de cambiarse de área de trabajo me “atrapó dormitando y  escondiéndome” en un área donde no solía pasar nadie, él me estuvo buscando y me encontró, fue la oportunidad de conocernos un poco más charlamos mucho rato, ambos estábamos solos, le expliqué que tomaba pastillas y que por eso me sentía cansado y me preguntó del  por qué lo hacía ¿?

------ le respondía con evasivas, pero él era demasiado astuto sabía que yo semanas atrás me encontraba bajo mucho stress, bajo mucha presión y de mal humor, sacar a flote mi identidad sexual con el psiquiatra me trajo a colación mucha infelicidad, mucha rabia y por supuesto frustración, la hora de enfrentar mis miedos había llegado.

----- Raúl siempre noté que me veía con una mirada algo cómplice, una mirada traviesa como la del amigo o hermano que sabe que tienes un problema y que sabía de qué se trataba pero que por respeto o por discreción no se atrevía a decírtelas en la cara.

En ese momento no solté nada de mis problemas, tenía la ligera esperanza de “curarme y ser un chico normal y que le gustarán las mujeres”.


David Griffith fue en su momento quizás el más visionario e importante gerente hotelero de mediados de los 90´s, él era el gerente de la cadena de Hoteles “Las Américas”, La cadena aunque en apariencia de capitales privados era solventada con el capital que provenía de la Caja de pensiones Militar Policial del Perú.  En su momento y auge de esta empresa empezó a comprar inmuebles hoteleros que refaccionaba y los colocaba en funcionamiento con relativo éxito.  Siempre tenía las ocupaciones al top porqué todas las empresas que visitaban al Perú y negociaban con el estado Peruano ocupaban todas  sus instalaciones,  era como decir que tenían la exclusiva empresarial en su momento. Monopolio que se le terminó casi hacía finales de los 90´s con la llegada de algunas cadenas de hoteles extranjeras e importantes como “LOS DELFINES u ORO VERDE que posteriormente sería Swuiss Hotel.

Mención aparte fueron   los problemas que el régimen fujimorista empezó a tener, su posterior debacle y la crisis económica Rusa y asiática externa de 1998  que había golpeado fuerte al País aventándolo a una nueva recesión económica, solo que ésta vez sin una infraestructura industrial adecuada ni siquiera medianamente mediocre. Dichas crisis no agarraron como alguien diría alguna vez: “Con los pantalones abajo”. Fueron tiempos terribles para el Perú  económicamente hablando.

Todos aquellos que alguna vez trabajamos en esa empresa nos sentíamos contentos, gozábamos del auge y la aparente bonanza económica peruana, ganábamos bien, éramos bien tratados, y sentíamos que estábamos a la vanguardia empresarial del país.

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Un día de aquellas semanas que relato Me dio por irme a llorar solito, desconsolado y triste, porqué por mucha pastilla que solo me causaba sueño me iba dando cuenta que no habría otra salida, que la idea de luchar contra mi homosexualidad era simplemente cruel y era una lucha ya perdida. Empecé a ver la luz al final del túnel pero me daba mucho miedo llegar a esa luz.

No tenía la menor idea de cómo manejaría esa situación, imaginar  que mi entorno: amigos, familiares, compañeros de trabajo se enteren que yo era homosexual… la simple idea me atormentaba mucho.

Semanas después me encontraba limpiando un pasadizo donde el personal que recién llegaba a las instalaciones pasaba obligatoriamente, pero en las tardes donde ya muchos habían salido y otros ya estaban laborando, me crucé con Raúl, Él bajaba a cenar a una cafetería que teníamos en el sótano del edificio y que era estrictamente para el personal. Estaba trapeando con los ojos posiblemente hinchados, Raúl ya vestía su uniforme azul con botones dorados, se le veía muy bien, Raúl tenía buen porte era alto y su color de piel le asentaba bien con ese traje. Lo felicité nuevamente por su cargo, y es cuando él me toca el hombro, y me pregunta:

----- Sigues mal ¿?.

----- Y yo le respondo que no, que porqué pregunta eso ¿?.

----- Mira ya basta me dijo, estábamos los dos completamente solos en ese pasillo que terminaba en unas escaleras que bajaban 4 pisos hacía abajo y  normalmente estaba  bastante ajetreado de personas.

----- Me dijo: Te lo digo porqué sigues llorando, tus ojos están rojos. Dime Enrique, somos amigos, que es lo que te atormenta tanto ¿?... sigues tomando esas pastillas, si un día te descubren te pueden botar del trabajo.

----- Le dije: Bueno, ya las dejé de tomar (Las había dejado unos días antes, porqué simplemente cada vez me convencía que no me iban a “curar de nada”)

----- Mira Raúl, ya todo está bien no te preocupes, más bien ese traje te queda bien (intentando desviar la atención de Raúl hacía mí y sin poder mirarle de frente a los ojos)

----- Es entonces que Raúl hace algo que me dejó bastante sorprendido:

----- Me toma de la nuca, ambos frente a frente, acercó mi cabeza a la suya y me da un beso en la boca, yo reaccionando de manera nerviosa, me alejo de él prontamente y retrocedo unos pasos pero no logro ver que la escalera estaba muy cerca detrás de mí y caigo pesadamente por ellas rodando como nunca me ha pasado y quedando en el primer descanso.

Raúl inmediatamente baja a auxiliarme,

---- Estás bien Enrique, estás bien ¿? Era lo que salía de su boca. Se puso muy nervioso.

---- Le respondí que algo adolorido, pero que bien… o al menos eso creo. Raúl me ayudó a levantarme y me pidió disculpas, no le pregunté por qué hizo eso, ni nada más… estaba avergonzado,….me repuse y seguí haciendo mis labores no sin antes agradecer a la providencia que felizmente no pasaba nadie por ahí en esos momentos.

Obviamente esa escena me empujó más aún a tomar una decisión, Raúl me dio a entender lo que él y quizás algunos otros ya sabían, y era que yo era homosexual.


Fueron 4 sesiones que tomé con ese vejete insensible y hasta perverso, su visión obtusa de la sexualidad no le permitía ver como profesional más allá de lo que en sus tiempos le enseñaron o quizás no quería aprender más, quizás nunca le interesaron sus pacientes y solo ambicionaba prestigio, dinero y sabe dios qué cosas más.

Su praxis de la psiquiatría era antigua, obsoleta, vieja y solo me hizo daño, me imagino que a muchas otras personas también. Sus prácticas duras y drásticas solo incrementaban el miedo y la inseguridad en sus pacientes, nunca me escuchó, solo atinó a sostener su verdad.

Algunos días después del incidente con Raúl no pude más, y un día cuando viajaba en el bus que me llevaba a mi casa a la salida de mi trabajo, se me salían algunas lágrimas que limpiaba discretamente a fin de que nadie se dé cuenta de mi estado. Siempre pidiéndole a Dios (En aquel entonces yo era un fervoroso creyente católico), siempre le pedí a "diosito" en mis oraciones que me ayude, que me envíe una señal, que solucione mí vida, a veces pienso que tardó, pero en ese momento me escuchó.

 Yo me encontraba de pie en un bus apretujado de personas mirando por la ventana y siendo empujado de rato en rato con suele suceder en las unidades de transporte público.

El Carro viejo y lento iba con el sonido de la radio relativamente alta, y yo mirando a las casas, locales, calles y edificios,  que íbamos dejando poco a poco conforme avanzábamos, serían como las cinco de la tarde aproximadamente. El cielo era gris como siempre lo es el cielo Limeño, recuerdo bien que era un día de invierno,  y es cuando en la radio tocan esa canción que es un himno a la comunidad gay:

 “A quién le importa” de Alaska. Recordé que en el colegio me gustaba mucho esa canción, no sabía el porqué, quizás por ser un tema rebelde, un tema que te animaba a romper las cadenas de tu opresión cualquiera que esta fuera.
Y es ahí que miré la luz en mucho tiempo, y sentí que volvía a nacer, me dije a mi mismo, en mi mente:

---- Ya basta de sufrir!!...

---- Ya basta!... 

sí nací homosexual, tengo que ser feliz así, a partir de ahora 
nunca nadie me humillará por serlo, y NO ME IMPORTA LO QUE DIGA LA GENTE!!... soy  y seré feliz porqué yo quiero que así sea.

Ese día llegue a mi casa, saludé a mi mamá, la bese en la mejilla y me fui a mi cuarto a llorar, si, a llorar, pero esta vez de felicidad, en muchos años, meses y semanas de tortura por fin habían terminado, Por fin había  resuelto mis torturas, exorcicé mis demonios que me atormentaron en mucho tiempo. Sentí y no exagero que :

VOLVÍA A NACER!!!

A partir de ahí empezó un largo camino de búsqueda, aunque igualmente era angustioso y temerario vivir algo total y absolutamente nuevo en éste mundo, pero necesitaba informarme, necesitaba saber más… mi mayor temor era:

----- Terminaré como la peluquera del barrio?.. 
Pero no me gusta ser así.  No quiero ser amanerado, siempre supe que ese no era mi estilo. Pero esa es otra historia.

Semanas después me encontré con Raúl en el ascensor solos y tuvimos una  pequeña charla  en los segundos que duró el viaje,  me vio, me miró y me sonrió, aparte me vio feliz, con una sonrisa deliberada que le mostré.

-----  y me preguntó:

----- Se ve bien, se te ve feliz Enrique!

----- Sí Raúl, lo estoy, soy bien feliz ahora que he resuelto mis dudas.

----- Aunque nunca habló directamente del tema, después del temerario beso que me dio, solo me dijo muy sabiamente:

----- Lo aceptaste ¿?

Le respondí:

----- Sí Raúl, lo acepté!!... por fin... y créeme me siento muy bien.

----- Me respondió:

----- Entonces tenemos que hablar Enrique. Muy seriamente jejejeje
(Se abrió la puerta del ascensor y salió sonriéndome)


Pasaron algunos meses y la charla que quedamos nunca se dio, creo que no hacía falta, aparte que los horarios al ser rotativos y ambos estar en diferentes áreas nos hacía casi imposible coincidir incluso dentro de las instalaciones del hotel.

Pero una vez nos tocó trabajar de amanecida, él de bell boy y yo de un trabajador que del área de limpieza  YA HABÍA ASCENDIDO A UN GUAPO, ATRACTIVO, JOVEN Y SERVICIAL MOZO. Me había cansado de ser un chico que limpiaba wateres, pasillos oficinas y me había esforzado en ser una persona que quería algo más en éste mundo.

SÍ DE ALGO ESTOY ORGULLOSO EN ÉSTE MUNDO ES EN QUE MIS COSAS PARA BIEN O PARA MAL, LAS CONSEGUÍ SOLO, TUVE PEQUEÑAS AYUDAS DE TERCEROS, PERO NADIE ME RECOMENDÓ, NADIE ME FACILITÓ ALGO. Y eso es algo que me llena de mucho pero mucho orgullo.

Raúl hacía rondas en los pasillos y en las habitaciones del hotel como parte de su trabajo y yo al mismo tiempo llevaba servicios de comidas y bebidas  a las habitaciones que así lo solicitarán en la madrugada. Así que serían las 03.00 am aproximadamente y coincidimos en un piso alto de la torre, había una habitación que se acaba de desocupar y antes que llegue el cuartelero (personal que limpia las habitaciones), tuvimos un pequeño encuentro casual con mi amigo Raúl.

No entraré en detalles para no alargar esta historia, pero puedo decir que él olía rico, la curiosidad por lamer, besar, tocar y acariciar su pene que era de unos 18cm. Blanco como él… “REALMENTE SI PARECÍA UN CHURRO CRUDO”, su cabeza de un rosado intenso y un cuerpo peneal con las venas que se traslucían en esa piel blanca como la leche, quizás de las pocas pieles bien blancas con las que cogido.

La curiosidad que siempre sentí al verlo salir de la ducha desnudo donde nos bañábamos y acicalábamos todo el personal antes o después del trabajo la satisfice con total agrado y conciencia de lo que hacía, ya sin ningún remordimiento ni sentimiento de culpa, en esos meses ya había empezado a ser e identificarme con un gay limeño.

 Él se sentó en la cama des tendida del pasajero que acababa ya hace mucho rato de irse, juntamos la puerta del cuarto. Rápidamente se bajó hasta los muslos su pantalón  y se subió la chaqueta con su mano y con la otra sosteniéndose en la cama,   y así    mientras nos mirábamos al mismo tiempo yo cogiendo su pene duro y chupándolo y cogiéndole delicadamente sus testículos,  él mientras me miraba con atención y deseo, no tardó mucho en eyacularme en la cara viendo por primera vez su rostro de gozo y de placer.
Terminando nuestro pequeño encuentro sexual apenas si charlamos algo, y ambos nos fuimos a nuestras áreas respectivas. Unos pocos años después yo me retiré del hotel y me hice independiente haciendo un pequeño negocio de sandwcheria inicialmente al que luego algunos  años después se convirtió en un próspero negocio de restaurantes y minimarkets .

 Mi ambición era innata, siempre quería tener más y más. Él dinero venía hacía mí y por supuesto también me costó mucho esfuerzo y trabajo. Pero bien valió la pena.

Del gerente David Griffith  y a otros operadores del Hotel Las Américas, caído el régimen de Fujimori les llegó la noche, se descubrió que se habían dilapidado las arcas de las jubilaciones de los militares y policías, estuvieron inmersos en muchos juicios y persecuciones por apropiación ilícita.  

Con él tiempo se supo que la pseudo bonanza económica de la que gozó dicho grupo “empresarial” no era más que una fachada  y que las empresas que hicieron no siempre fueron exitosas como aparentaban, se descubrió fraudes y demás malos manejos.

David Griffith falleció hace unos años de cáncer sin hacer uno de sus más caros anhelos hoteleros en una playa “pituca de Lima” que por supuesto incluía un gran hotel, casinos empresariales, y un largo etc. ….pero ya nadie creía en él. 

---- O al menos eso me contaron.

Del Psiquiatra no supe más, Del papá de mi amigo “El Toño” hizo también una racha de independización y hoy por hoy él y sus hijos son prósperos empresarios. 

A Raúl no lo volví a ver después que salí de trabajar de ese hotel, Yo hice una vida completamente gay, avisando a diestra y siniestra que YO ERA GAY!!... Y de vez en cuando luchando y enfrentando a las personas que osaban  querer insultarme y humillarme.

“REALMENTE SIEMPRE ME SENTÍ ORGULLOSO DE SER GAY”
Aprendí que yo debía aprender a resolver mis problemas, Y QUE SIEMPRE HAY UNA SALIDA PARA TODO.

---- SIEMPRE!!

Me volví descarado y aunque nunca me amaneré a veces me gusta jugar con la mariconada en modo de chacota, joda, siempre pensé que si los heterosexuales se reían a costa nuestra porqué nosotros no lo podemos hacer de nosotros mismos ¿?.

La experiencia que he tenido de todo esto es que si la gente te ve seguro de ti mismo, en cualquier aspectos sexual, profesional, familiar, confiará en ti más, y no tendrá tiempo de cuestionarte, porqué ellos también tienen sus propios problemas.


Hoy los tiempos han cambiado, los jóvenes tienen abundante información en los medios de comunicación, la internet, la televisión ya no es tan agresiva como en antaño e incluso estamos hablando de la “Unión Civil”. Y eso es algo que me llena de satisfacción, fui y soy testigo presencial de lo mucho que está cambiando éste país para bien, aunque a veces desanima los enormes problemas económicos y que como sociedad tenemos, espero que algún día todo esto cambie para mejor. Espero ver eso algún día antes de que deje éste mundo y  que mi pequeño aporte haciendo proselitismo a mi modo en la internet , en mi barrio, en mi familia y amigos haya ayudado  a cambiar o a mejorar un poco al menos la vida de alguien, aunque sea la vida de una persona, y es en ese momento que mi vida estará justificada.
Yo al lado izquierdo abrazando a mi amigo Raúl.

En mi chamba, en el Hotel Las Américas

Yo en mi primer negocio

De mozo

Yo soy el del Centro y al costado de camisa azul mi amigo "El Toño"

3 comentarios:

  1. Hola, sere el primer comentario?
    Debo decirte que escribes maravillosamente te entendi todo, y me rei con tus ocurrencias espero ver algun libro tuyo.
    Nos vemos cuidate esperare otra publicacion tuya

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  2. te contaré que estuve leyendo tu blog, ese que ya no actualizas, y en algún momento me perdí, no sabía si estaba leyendo algo tuyo era ficción o estabas relatando la experiencia de otra persona hasta que vi la foto de ti y tus amigos en el hotel me parecio genial, me hizo terminar la lectura con una sonrisa. más tarde leeré más pq quiero que mi cerebro fermente toda esa experiencia. Saludos.
    Otra cosa más, yo creo que si, que de tu jodida manera estas colaborando.

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  3. No es que te volviste gay, te aceptaste gay, que es diferente y mejor. Opino lo mismo del primer comentarista. Acá tienes el intelecto y el material para un libro. Seguramente debes de pulir algo más tu narración o estilo. Todo en buena onda.

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